La información es Poder
Que este sea el año de la lucha para recuperar la libertad en Internet.
Hola, ¿cómo estás? 😊 Espero que estés empezando muy bien este nuevo año. Tengo claro que, en términos concretos, estamos terminando la semana que empezó el 29 de diciembre, pero hay algo fresco y liberador en visualizar que, con el cambio de año, se cierra un libro lleno para poder empezar uno en blanco, nuevo, con todo para estrenar.
Nuevas obras al dominio público
Algo que me gusta de cada nuevo comienzo de año es ver cuáles son las obras y autores que se liberan el 1° de enero y entran al dominio público. Estos son los de 2026 😊
el escritor alemán Thomas Mann.
el poeta estadounidense Wallace Stevens.
el filósofo español José Ortega y Gasset.
el novelista estadounidense James Agee.
los poetas uruguayos Líber Falco y Raquel Sáenz.
la poeta y librera francesa Adrienne Monnier.
el poeta y crítico de teatro, cine y música argentino Evar Méndez.
Mientras agonizo, novela de William Faulkner.
El que susurra en la oscuridad, aterradora novela corta de H. P. Lovecraft.
Muerte en la vicaría, de Agatha Christie.
los primeros cortos de Betty Boop.
nueve nuevos cortos de Mickey Mouse, en los que ahora se suma Pluto.
🔙 En un correo de hace 5 años escribí sobre por qué me parece importante promover la cultura libre.
La red atrapada
Hace unos años, le pedí a mi amigo Guillermo Movia que escribiera algo sobre la historia de la web para DHyTecno, que hacía poco había estrenado su espacio en la web, por fuera del canal de Telegram y de la plataforma de newsletters Mailchimp.
En su artículo, recuerda sobre su primer acercamiento a un navegador web y plantea:
“Desde ese momento hasta ahora han ocurrido cambios en las tecnologías con las que accedemos y creamos la web. Y así como ahora somos capaces de muchas más cosas que en aquellos primeros años, también hemos retrocedido en algunas características que hacen que aquella Declaración de la Independencia del Ciberespacio quede como un lindo manifiesto hippie enterrado bajo la realidad.”
¿A qué se refiere la idea de la “web atrapada”? A las aplicaciones o servicios que ya no permiten la interoperabilidad que caracterizó a la web en sus orígenes (y que facilitó su difusión).
Por un lado, el correo electrónico que utilizamos la mayoría de las personas está manejado por estándares que permiten la interoperabilidad, es decir, que, “mientras se cumplan ciertas reglas podemos usar cualquier aplicación para leer y responder correos” y “no estamos obligados a usar un programa específico”.
Sin embargo, por otro lado —sigue Movia—, “no sucede lo mismo con la mayoría de las aplicaciones que usamos para mensajería instantánea o redes sociales (pensemos en WhatsApp, Twitter o Facebook). Estas compañías impiden que otras aplicaciones se conecten con sus servicios y, por lo tanto, si queremos usar WhatsApp tenemos que descargar su aplicación.”
El principal objetivo para que tengamos que descargar su aplicación es mantener a las personas cautivas y de esa forma centralizar la publicidad o el uso de los datos que se intercambian por la red. Si existiera una aplicación que nos permitiera estar en Facebook o Instagram pero sin publicidades o sin compartir todos nuestros datos personales, seguramente las elegiríamos frente a las oficiales. Y mudarse de red no es fácil, ya que como no podremos hablar con la mayoría de las personas hasta que no las convenzamos de salir de la otra aplicación, estaremos solos.
En línea con esto, hace unos días se conoció la noticia de que Anna’s Archive, conocido sitio de descargas de libros, subió 86 millones de canciones que descargó de Spotify en un torrent de 300TB y eso abrió a un nuevo debate por quién controla la música del mundo. Desde Anna’s Archive defendieron la iniciativa como un proyecto de preservación cultural. En un posteo en su blog, el grupo afirmó que los archivos representarían “el 99,6% de toda la música escuchada por los usuarios de Spotify” y que serían distribuidos a través de torrents. “Por supuesto, Spotify no tiene toda la música del mundo, pero es un gran comienzo”, sostuvo el colectivo, que se define como dedicado a “preservar el conocimiento y la cultura de la humanidad”.
¿Qué pasa cuando las creaciones culturales se distribuyen exclusivamente a través de los jardines cerrados de internet? Algunas experiencias nos han dejado la enseñanza de que, cuando esto pasa, la cultura corre el riesgo de desaparecer cuando el dueño decide cerrar la puerta (o retirar obras de su catálogo). Un hecho que fue un revuelo en su momento fue cuando, en 2009, Amazon eliminó los libros más famosos de George Orwell (1984 y Rebelión en la Granja) del Kindle, debido a un problema de derechos. A los lectores se les devolvieron los casi 10 dólares que habían pagado, pero esto jamás habría ocurrido con libros físicos.
Como reflexiona Guillermo, “la promesa de la web como un espacio de libertad, democracia e igualdad ha sido vencida, al menos por ahora. En lugar de tener un ecosistema de servicios interconectados como era la web en sus inicios, tenemos muchas aplicaciones que se pelean por nuestra atención e intentan retenernos el mayor tiempo posible en su pequeño espacio. Y esa concentración hace que la censura, ya sea de gobiernos o de las empresas, sea más fácil y que unos pocos puedan manejar el discurso permitido.”
Aaron Swartz, el hijo de internet
El 11 de enero se cumplen ya 13 años de la muerte de Aaron Swartz, quien se quitó la vida con apenas 26 años. Me sigue doliendo que no esté.
Aaron, programador, emprendedor, escritor, activista político y hacktivista de internet. Estuvo involucrado en la creación del formato de fuente web RSS, el formato de publicación Markdown, la organización Creative Commons, y el sitio web Reddit, entre otras iniciativas.
En el momento que se suicidó estaba acusado de haber infringido las leyes de copyright al descargar y difundir 4,8 millones de artículos científicos del repositorio JSTOR. También estaba imputado por cometer fraude en línea y por once violaciones al “Acta de Fraude y Abuso Computacional” de los Estados Unidos, después de ser arrestado por la policía del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), luego de descubrir que había conectado una computadora a la red para descargar esas publicaciones y difundirlas.
Aaron había descargado esos artículos con el objetivo de liberarlos porque era un férreo defensor y activista de la libertad, de la cultura libre, del libre acceso a la educación, a la información y creía fuertemente que las injusticias que había en el mundo podían ser cambiadas a través de la lucha colectiva.
El caso seguía pendiente de sentencia y sus cargos conllevaban penas potenciales de hasta 35 años en prisión y un millón de dólares en multas.
Te dejo un fragmento de su Manifiesto por la Guerrilla del Acceso Abierto (PDF) y, más abajo, el documental sobre su historia.
La información es poder. Pero como con todo poder, hay quienes lo quieren mantener para sí mismos. La herencia científica y cultural del mundo completa, publicada durante siglos en libros y journals, está siendo digitalizada y apresada en forma creciente por un manojo de corporaciones privadas. ¿Querés leer los papers que presentan los más famosos resultados de las ciencias? Vas a tener que mandarle un montón de plata a editoriales como Reed Elsevier. (…)
Ese es un precio muy alto por el que pagar. ¿Forzar a los académicos a pagar dinero para poder leer el trabajo de sus colegas? ¿Escanear bibliotecas enteras para sólo permitir leerlas a la gente de Google? ¿Proveer artículos científicos a aquellos en las universidades de élite del Primer Mundo, pero no a los niños del Sur Global? Es indignante e inaceptable.
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Carolina





